martes, 28 de febrero de 2012

¿Qué sería?



¿Qué sería la vida sin las cimas?
Las cimas sin quien las quiera escalar. Sin la soledad que las habita y el abismo a bajar.
¿Qué sería la amistad sin la traición?
Las traiciones sin amistades a romper. Amigo no es quién te perdona un error, sino quién te ayuda a no volverlo a cometer.
Aquellos que desconocen el perdón, gracias a vosotros brilla más esta virtud.
¿Que sería este mundo de locos sin personas cuerdas?
O de los cuerdos sin locos a los que ayudar.
Menos mal que podemos hacer el bien a los envidiosos para mostrarles su inferioridad.
¿Qué harías pobre chabacano sin la pena de los que miran reafirmando tu mal gusto?
¿Qué harías prepotente fuera de tu jaula donde nadie te admira?
¿Qué harías elegante y apuesto artista sin aprendices que engatusar?
¿Qué haríais pobres diablos, sin tener a quién acusar y criticar?
Ay vidas tristes que ni fueron ni serán. Más pendientes de lo externo y los demás mientras dejáis escapar lo que no sabéis apreciar.

sábado, 11 de febrero de 2012

viernes, 3 de febrero de 2012

Miedos y Cambios


Es increíble el miedo que produce cambiar. Claro, nos educaron con el criterio de que la estabilidad era sinónimo de madurez, de equilibrio.

Quien cambia es ‘inestable’, inmaduro, todavía no ha crecido, porque el ideal de vida, para la sociedad, es un mundo quieto.

Vivir en el mismo barrio, habitar la misma casa, permanecer en el mismo colegio, tener la misma pareja, durar en el mismo trabajo, escoger carrera “para toda la vida”, amarrarse a la misma ciudad y al mismo país…todos sinónimos de estabilidad.

Ni qué decir de las ideas o de las creencias. Hay que tener los mismos valores, los mismos criterios, la misma mentalidad.

Atreverse a innovar es como una ‘locura’ y es más importante permanecer que arriesgar.
Nuestra sociedad valora lo estático, que ‘no produce desorden’, antes de romper esquemas y arriesgarse a que la vida sea diferente.

El criterio más elemental para cambiar, es el más simple: “si se quiere o no se quiere”

Si queremos o no queremos eso que hemos vivido, lo que hemos estudiado, lo que nos ha acompañado, donde hemos permanecido, y que no nos ha producido ni la paz ni la armonía esperadas.

Muchas personas se lamentan, por ejemplo, por la ‘pérdida’ de valores o por la ‘pérdida de la familia’. Entonces, en la deducción más simplista, ‘volver’ con la familia tradicional ahora sí dará estabilidad.