jueves, 21 de julio de 2011

Lobos

Para todas aquellas personas, para quienes la amistad y la lealtad son más que meras palabras.

Hugo creció en una casita de ladrillos seguro de sí mismo y de los demás. Con ilusiones de un joven rapaz sin experiencia, imberbe, inocente ante la vida. Jugó a las chapas en su calle, a los cromos, a flirtear con las mozas de su barrio, a pegarse con los gallos y hacer respetar su bocadillo. Creció para comerse el mundo, y recibió varios muerdos del mismo. Las heridas se curaron, las cicatrices le hicieron crecer demasiado rápido.
Con sueños sin cumplir, otros realizados…la vida le enseñó que no se puede tener todo. Y en ocasiones se hundió su barquito de papel. Vio que podía nadar entre tempestades. Huracanes derribaron los ladrillos de su casita. Aprendió a construir. Aquellos que en su casa dormían, comían, iban a tomar café con pastas y le abrazaban, quemaron su casa, rompieron las fotos de buenos recuerdos y olvidaron las manos que les ayudaron en momentos de duelo, obstáculos y varapalos del camino. Se rieron de sus familiares difuntos, criticaron su trabajo y lo menospreciaron, hablaron mal de sus buenas acciones por envidia. Hugo inició el camino del reconocimiento. Los lobos están por todas partes. Se puede elegir entre darles caza y regocijarse en su lenta agonía, o dejar que sigan muertos con su alma envidiosa que menosprecia lo que otros hacen porque ellos no son capaces de hacerlo, con su sonrisa socarrona ante la muerte de los demás. Será su sonrisa la que cambie de tercio cuando se muera mama loba y el balido de los corderos haga estremecer al lobo y sumirse en un profundo dolor y rabia. Serán los mismos lobos los que pedirán ayuda a Hugo cuando tengan lastimada una patita, entonces valorarán su trabajo. Serán esos mismos lobos que le abrazan y sonríen a la cara, los que le difamen, hagan juicios de valor gratuito, fáciles y dañinos a su espalda sin motivo alguno.
Le dolerá por todo lo que quiso al lobo y por el bocado que este dio a la mano que le ayudaba. Al principio le dolerá el ¿por qué? desconocido. Al final aprenderá a diferenciar los corderos de los lobos, ya no le importarán los lobos del pasado; será tortura de ellos el “¿por qué lo hicieron?”. Siempre hay mucho judas suelto, pero igual que siempre hay alguien mejor que otro, siempre hay otro judas peor, que termina traicionando al primero.
Cuidado a quién pisas cuando subes, no te vaya a pisar él cuando tú bajes.